Gato, árbol y humano.
En un día soleado a inicios de primavera, un gato amarillo como los rayos del sol de aquella mañana encontró un árbol grande, verde y lleno de pequeñas florecillas que ofrecía una apacible sombra para el descanso de los soñadores. El gato trepó con gran agilidad a una de sus ramas y no tardó en quedar profundamente dormido, arrullado por el sonido de las hojas jugando con el viento y el canto de algunos pajarillos que se encontraban en otras ramas. Disfrutaba de un sueño alegre cuando sintió la presencia de alguien más debajo del árbol. Se trataba de un chico de cabellos castaños claros, piel pálida, ojos grandes y pestañas aún más largas, que estaba a punto de recostarse bajo aquella sombra. El muchacho volteó hacia arriba y, al notar que no estaría solo, sonrió mostrando unos dientes blancos como las nubes. El gato se tranquilizó, solo era alguien que, al igual que él, había decidido detener el tiempo por un momento en un día de calor agradable y viento suave. Pronto, el chico se...